
En el colegio solían hacernos esos típicos tests para evaluar determinadas aptitudes en los infantes. Ya se sabe, que si aptitud espacial (garabatos cubistas en un folio), cocientes de inteligencia (series de fichas de dominó, muy útiles si sabes jugar), comprensión lectora (palabras y frases tirando a absurdas), etc.
Eran los test COSPA. Ya a una edad temprana me parecía que no
servían para nada, pero al menos no teníamos que seguir con el puto cuaderno
Rubio de caligrafía.
El psicólogo (o lo que fuera, probablemente profesor de latín
y griego reconvertido), tenía un aspecto de vendedor de enciclopedias: traje
gris claro, corbata marciana con su correspondiente pasador dorado agitanado,
nariz prominente con profusión de pelos emergentes de su interior. Era moreno,
pero con dudas: no sabría decir si su pelo era graso o tenía gomina. Difícil de
determinar. Para hacerse una idea, era como un personaje de los que salen en la
serie "Cuéntame" (aunque ahora que lo pienso, en realidad era la
época de esa serie: 1978 más o menos).
Los tests de ese día trataban de orientarnos hacia el futuro
(ya estábamos en séptimo de EGB), para ver en que especialidad podríamos
destacar y así tenerlo más fácil a la hora de solicitar prestaciones en el
INEM. Eran estas áreas:
- Área matématicas.
- Área lenguaje.
- Área plástica.
- Área musical.
- Área ciencias naturales.
Empezamos a hacer los tests, toda la clase. Las chicas
también, claro (y encima acababan antes, las muy cabritas). Y tuve un momento
de iluminación, de alegría desbordante y enamoramiento precoz: ¡A AMPARITO LE
ESTÁN SALIENDO LAS TETAS!. Amparito era mi amor platónico, habría regalado
perfectamente mi colección de clicks de Famobil por un beso en los labios con
ella.
Seguí haciendo el test de las narices (ya me daba igual: a
Amparito le están saliendo las tetas. Yuhuuu!). Mi futuro sexual se presentaba
esplendoroso.
Llegaron los resultados del test COSPA, a los que por
supuesto mis padres no hicieron ni puto caso. Bastante tenía mi padre con ir al
bingo (curiosamente, solo iba cuando le tocaba) y mi madre con mejorar su
deconstrucción de la tortilla de patata (era inglesa, ardua tarea). Los
resultados fueron estos:
- Área matématicas. SE MUESTRA POCO O NADA INTERESADO.
- Área lenguaje. NO SE MUESTRA NADA INTERESADO.
- Área plástica. SE MUESTRA POCO O NADA INTERESADO.
- Área musical. SE MUESTRA POCO O NADA INTERESADO.
- Área ciencias naturales. SE MUESTRA POCO O NADA INTERESADO.
No es que le prestara demasiada atención a los resultados (a
Amparito le estaban saliendo las tetas, ese era mi verdadero interés), pero
había algo que me sorprendía:
¿Cómo es posible que digan que no tengo interés, o poco, en
nada?. ¡Si me he leído entera la enciclopedia "El Mundo de los
Niños", algunos tomos varias veces! (ya se sabe, esa enciclopedia que nos
compraban nuestros padres para que los niños fuéramos muy listos, que se
quedaba unos años en el mueble de la tele sin que nadie le prestara la más
mínima atención, junto a motivos cerámicos varios).¡Si hasta me sé el nombre
del pueblo más largo del mundo del Guiness!
(Thaumatawakatangiangakoauauatemateapokaiwenuakitanatahu).
Ligeramente perplejo, tardé un poco en encontrar una
explicación. Pero dí con ella: ¡YA LO TENGO!. Si no me interesa nada, pero yo
me he leído la enciclopedia, entonces...
¡SOY UN SUPERDOTADO! ¡Y A AMPARITO LE ESTÁN SALIENDO LAS
TETAS!. ¡QUÉ BIEN! (entonces no se decía "Mola Mazo",
"Dabuti" ni similares).
Una vez encontrada la explicación, decidí esperar unos años.
Sólo tenía 12 años y era cuestión de tiempo lo de Amparito. Empecé a mirarme
entre las piernas, con paciencia: ya crecerá, hay tiempo.
Seguí esperando: a los 13, 14,15. No acababa de confirmar mi
teoría. Eso no acababa de crecer en consonancia con las tetas de Amparito.
Seguí esperando: a los 16, 17 y 18. Tiré la toalla (para
entonces, Amparito se había cepillado a media clase). Agaché las orejas,
maldiciendo a los test COSPA. Y saqué unas cuantas conclusiones:
- La palabra SUPERDOTADO no necesariamente implica el crecimiento
exagerado de distintos atributos.
- Amparito era en realidad un poco cochinilla.
- Soy un obseso compulsivo (algo raro debe andar por mi
cabeza para aprenderme el nombre del pueblo de marras con 10 años, y encima no
se me olvida).
- Los tests COSPA sí sirven para algo: para hablar del tamaño
de tu polla. Pensaba que no valían para nada.
(Y desgraciadamente, la mayor parte de este escrito es
verdad)
No hay comentarios:
Publicar un comentario