domingo, 27 de noviembre de 2016

7 PECADOS CAPITALES + UNA DECLARACIÓN DE AMOR DESESPERADA



PEREZA



Plic. Plic.


Seguía sonando la maldita gotera del grifo de la bañera. Otra cosa más a comprar en la ferretería.

Se había levantado cansada, pero radiante. Había tomado la decisión hace unos días: no habría más palizas, no habría más insultos ni vejaciones. No habría más aliento a alcohol, ni olor a sudor y a mierda que soportar. No habría ojos morados, lágrimas de impotencia o sexo forzado. No las habrá.

Desesperación. Asco.

Hace tiempo decidió que lo de pensar en el suicidio era una estupidez, aunque valoró haber descubierto lo que significa la muerte. Fue una gran ayuda, un gran impulso para poner punto y final. Las cosas serían distintas a partir de ahora. Escuchó a los demás, y actuó. Por fin.

Plic. Plic.

Se duchó despacio, con parsimonia. Flotando. No había prisa, aunque seguía merodeando en su cabeza lo de la ferretería. El vapor apenas le dejaba ver su cara en el espejo, lo frotó y se miró. Se peinó suavemente, de nuevo sin prisas. Estaba muy cansada, aunque aliviada por lo que había hecho.

La ferretería. No se me olvide. “Ahora tendré que hacer ese tipo de cosas”, pensó. Afortunadamente.

Salió de casa y cruzó el jardín. Despacio, sin prisas. La ferretería no estaba demasiado lejos, y ya no se iba poner nerviosa nunca más. Innecesario. El coche no era muy grande, tenía dudas si lo de la ferretería iba a caber.

Cupo. A casa.

Entró en casa, algo tarde. Fatigada. Sabía lo que tenía que hacer. Miró las sábanas y las cortinas: no había problema. “Lavadora”, pensó. Miró el colchón y la alfombra, y la pared del cabecero. “Puf”.

Plic. Plic. Que le den por culo al grifo.

Tuvo que limpiar. Concienzudamente. Esperó al anochecer, y mirando la pala que acababa de comprar, pensó: “Esto me va a costar más”.

Plof. Plof.


(Dedicado a las mujeres. Que nadie dude que sería el primero en ayudarlas con la pala. Mujeres asesinadas por sus parejas desde el año 2000: 981, y subiendo. Personas asesinadas por ETA desde 1975: 829).




SOBERBIA



    - ¿Qué tal todo en el trabajo, cariño?
    - Bien. Como siempre, bajo control. Todo ha salido como he pensado. Para algo ha de servir mi esfuerzo y experiencia, mis años de estudio. Me lo merezco. No le debo nada a nadie. Estoy por encima porque me lo he trabajado.
    - Claro que sí, amor. Te lo mereces. Espera un momento...¡Sube la tele!
    - ¿Qué pasa?
    - Joder, ¿no lo estás viendo?.¡ Mira las balsas de los refugiados!.¡ Mira ese dolor en las caras, mira ese sufrimiento!. ¡Mira como la gente se ahoga! ¡Esa gente está huyendo del hambre, de la guerra, del dolor...de la muerte! ¡Es indignante!.
    - Sí, ya lo sé. El mundo está loco. Sobre todo por esa zona, llevan toda la vida a tiros. Siempre están igual, qué se le va a hacer. Pero...¿qué quieres que te diga? Es una pena, pero a ellos les ha tocado eso. Y a mí me ha tocado vivir de otra manera. Mala suerte, se lo han buscado esos fanáticos religiosos. A mí no puede pasar nada de eso, gracias a Dios.
    - ¿Pero qué dices? ¿No ves que es gente normal, como tú y como yo? A veces te pasas de pragmático.
    - A ver, cariño. Me da pena. Pero estoy muy feliz con mi vida. Eso no nos va a pasar. También me da pena la gente que está en el paro, pero una cosa tengo clara: hay muchos parados que se lo han buscado. O no han elegido los estudios correctos, o se han entrampado con la hipoteca, o igual hasta son un poco vagos. ¿Mala suerte? La suerte hay que buscarla, amor. No viene a tu puerta.
    - Me pareces un poco tonto, déjalo estar. Espera, que suena el teléfono. ¿Lo cojo?
    - Vale.
    - Es Antonio. Que te pongas.
    - ¿Antonio? ¿Qué coño quiere el jefe a estas horas? Debe ser importante...
    - No sé.
    - ¡Antoniooooo! ¿Qué pasa hombre? Sí, dime. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿¿¿Pero qué coño dices??? No puede ser. ¡¡¡Tengo que hablar contigo ya mismo!!!.
    - ¿Qué pasa? ¿Pasa algo? ¿Qué pasa, cariño?.
    - Me voy corriendo a la oficina. Me han despedido.


(Dedicado a los xenófobos, clasistas y racistas. Y a la estupidez humana. "Antes de buscar inteligencia en otros planetas, habría que encontrarla en la tierra" (S.Hawking))




ENVIDIA




Te envidio mucho, más de lo que crees.

Envidio el color de tus ojos. Envidio ese color blanco a punto de llorar, envidio lo que me transmite aunque no te des cuenta. Envidio más todavía ese color al atardecer, cuando la luz del sol los hace aún más irresistibles. Te envidio, yo no veo ese brillo en mis ojos.

Colores.

Te envidio porque ya no puedo disfrutar del olor de tu cuerpo, tan solo en mi memoria. Nunca pude definir ese olor. No era un olor a salitre o tierra mojada, a rosas o azahar. Era un olor diferente, olor a ti. Echo de menos ese olor, es el único que quiero recuperar. Te envidio, querría poder oler como lo haces tú.

Olores.

Te envidio, mucho, porque tienes algo que yo no tengo: inteligencia. Porque hemos nacido con un fin: ser felices. Te envidio porque es algo que a mí me cuesta aprender, y tú pareces una verdadera experta. Te envidio, necesitas muy poco para serlo, y es algo que me hace sentir estúpido. Hago lo que puedo, aunque nunca llegaré a tu altura.

Inteligencia emocional.

Te envidio cuando paseas por casa, de puntillas, como dejando una estela de aire fresco por donde pasas. Te envidio cuando te miras en el espejo, cuando sonríes, cuando veo tu cuerpo moverse. Te envidio, yo no tengo esa capacidad.

Silueta.

Te envidio, porque has demostrado lo que es el amor. Te envidio porque has sido capaz de ser fuerte, de ver como una persona podía caer y soportarlo, de cuidar a una persona enferma sin certeza de cura. Te envidio porque has demostrado entereza, determinación, fuerza. Te envidio, me gustaría verme en esa situación.

Amor.

Te envidio más de lo que se puede envidiar. No existe esa palabra.


(Dedicado a mi niña, el verdadero motivo de mi existencia. Solo tú podrías hacerme caer en el pecado que más odio: la envidia).




AVARICIA



- Dos, tres, cuatro, cinco.....¡mira!. Cinco mil pavos por la rotonda de mierda de esa estatua moderna, que no hay quién las entienda. Noventa mil pavos que ha costado, jajaja. Y encima la han hecho dos rumanos por dos pavos. ¿Quién dijo que no servían para nada esos pringaos?
- Hostias, nano. Pues espera que vienen hoy los de la recalificación del parque natural, y ahí hay pasta de verdad, no como esa miseria.
- ¿Cuánto?
- Pues mínimo tres kilos. Le he dicho al constructor que nos va tocar aguantar a los capullos de los ecologistas y al periódico ese de los cojones. Ese que no tenemos controlado, no hay manera. Ese está controlado por los rojos, nano. Así que le he dicho que el margen sube al quince. Que cuesta mucho pagar a jueces y periodistas. Que se joda, ¡a la saca!
- Llaman a la puerta. Eooooo...ya están aquiiiiiií! Hala, prepara la bolsa. Abre, anda.
- Buenos días. Le habla la guardia civil. Quedan detenidos, tienen derecho a no declarar y a llamar a su abogado.
- Fills de puta....No hemos hecho nada. 

(dedicado a muchos políticos, independientemente de un partido u otro. A los que han arruinado nuestro país).



GULA




Tengo un hambre infinita, voraz.

Por fin te comprendo. Han sido demasiados años observando sin hacer nada, dejando pasar los días sin mayor ambición.

Rutina, quizás.

Tengo hambre. Te deseo como nunca llegue a pensarlo, como nunca llegué a esperarlo. Siempre has estado delante de mí, y no te he hecho ni caso.

Prepárate, voy a por ti.

Voy a desnudarte de arriba abajo. Voy a desbrozarte, voy a saborearte todo lo que pueda y más, hasta exprimir cada gota que me ofreces. No me vas a joder más.

Me toca.

Se acabaron las excusas, las depresiones. Se acabó el sentimiento de culpa y la inseguridad que me han acompañado desde que tengo uso de razón. Ha llegado el momento de utilizar algo que nunca he valorado lo suficiente o no le he dado excesiva importancia, pero que es capaz de dominar las emociones.

Inteligencia.

Es hora de disfrutar de ti. Ha tardado pero ha llegado. Estabas ahí, y estúpido de mí que no he sido capaz de darme cuenta hasta ahora. Estabas ahí, dándome avisos de lo efímera que puedes ser. He tomado nota, te voy a devorar.

Idiota.

No dudes que me voy a abalanzar sobre ti. Te voy a violar todo lo que pueda, me debes mucho tiempo perdido. Nadie puede pararme.

Todo vuelve a empezar.

(Dedicado a la vida. Por fin.)




LUJURIA



Dame de beber, que estoy sediento.

Quiero recorrer los ríos de tu cuerpo,

los mares de tus entrañas, olas furiosas

que rompen entre espasmos.

Dame de beber tu olor infinito,

tu aroma de incienso y rosas,

ofréceme la oscuridad misteriosa

de la fuente del licor exquisito,

de la tormenta de placer sin rayos.

Déjame navegar por esas aguas,

de pasión, ternura y vida.

Deja que me alimente de ellas,

que rebroten en mis ojos cada mañana,

déjame cuidar de tu sonrisa

y que mis labios cicatricen tus heridas,

disfrutando del camino y de la meta,

de tu pasión, de la mía.

Dame de beber, que estoy sediento.

Sediento de ti y de tu alma. De tus lágrimas,

de tu felicidad,

de la batalla incruenta cuerpo a cuerpo,

de la victoria de la unidad,

del amor incondicional,

de nuestra libertad.

De Paz.




(dedicado a la persona que me devolvió la vida)





IRA







Te odio. Te odio. Te odio.

Te odio porque te fuiste sin avisar, sin darme tiempo a decirte lo mucho que te quería.

Te odio porque me has hecho llorar mucho por fuera. Te odio porque me has dejado peor, llorando por dentro.

Te odio porque al irte me has hecho descubrir lo que es el dolor, con mayúsculas. No recuerdo haber tenido esa sensación.

Te odio porque no consigo expresar con palabras lo mucho que te echo de menos. No es fácil. Me odio.

Te odio porque me has dejado huérfano de sentimientos, de todo. 

Te odio porque ya solo puedo comunicarme contigo con los recuerdos, y no es suficiente.

Te odio porque no estás. Te odio por haberme hecho feliz. Te odio por tu voz, por tus risas y sonrisas. Te odio.

Te odio porque no hay un solo día que no estés en mis pensamientos, déjame en paz.

Te odio. Mamá.



(Te fuiste el 17 de Marzo. Pero no tengo por qué creerlo si no quiero)




ME INCOMODAS



Últimamente me incomodas.

Me incomoda ver el brillo de esa mirada. Es un brillo diferente, parecido a nuestros principios, pero diferente.
Me incomoda ver esa belleza madura, serena. Radiante. 
Equilibrada.

Me incomoda darme cuenta que eres mejor persona que muchos, que yo. Me incomoda haber pensado que no conocía a alguien como yo. Me incomoda mi soberbia.

Me incomodan tus travesuras de niña mala. Me incomoda esa mezcla, irresistible.

Me incomoda pensar que vamos a estar el resto de nuestra vida juntos. Me incomoda no sentirte cerca, me hace comprender a los drogadictos.

Me incomoda que hayas abierto la caja de pandora de mis sentimientos. Yo era ermitaño emocional, me conformaba así.

Me incomoda verte feliz. Porque es una felicidad distinta a la nostálgica felicidad juvenil: esta es buscada, meditada y esperada. Me incomoda poder estropearla, has estado esperando demasiado.

Me incomoda notar que me quieres: me hace sentir inseguro de no estar a tu altura.

Y lo que de verdad me incomoda es descubrir lo que es el miedo: a perderte. Me incomoda desesperadamente.

Definitivamente me incomodas.








QUIERO A MI PAREJA




QUIERO A MI PAREJA, ¿ENTONCES?



Sólo tengo una razón para escribir sobre las relaciones de pareja. De ninguna manera voy a aconsejar a nadie hacer tal o cual cosa por el hecho de que a mí me haya ido bien, mal o regular (dar consejos siempre tiene un punto de soberbia y condescendencia, dos palabras que rehuyo). Tampoco soy ni la persona más lista, inteligente o guapa (perdón por la obviedad), ni me creo Dios ni nada por el estilo (entre otras cosas, yo sí existo).

Mi única razón para escribir sobre este tema es que una de las cosas que más feliz me hace es ver felices a los demás.  Me pone.  A los que me importan, claro (no soy cura ni gilipollas). Simplemente voy a tratar de ayudar a quién se lo merezca. Si vale, fenomenal; si no vale, pues que se le va a hacer. Pero es mi obligación intentarlo (pero no  es obligación de nadie ni leer esto, ni estar de acuerdo).

Siempre he tenido claro que quiero  a mi pareja. La adoro. Ha sido y es muy importante en la vida, y sé que pasaremos el resto de nuestra existencia  juntos (a menos que contrate como jardinero a Johnny Depp: veríamos). Nos llevamos bien, nos aguantamos nuestras estupideces, nuestro mutuo mal humor pasajero y nuestros defectos (nadie es perfecto, y el que se lo crea es, aparte de imperfecto, bobito). Nos queremos, eso es todo.

Al principio de nuestra relación (o convivencia más bien), tuvimos algunos problemas. Discusiones. Mala leche periódica. Cabreos duraderos. Incomprensión. Creencia en tener siempre la razón. Los dos tenemos caracteres fuertes (cuando me dicen que una persona tiene un carácter fuerte, no puedo evitar pensar que en realidad tiene muy mala hostia). Entonces, si nos queríamos...¿por qué? Las relaciones de pareja no son fáciles, ni lo serán. Pero si tienes claro que quieres a tu pareja, hay mucho terreno ganado. Es más fácil arreglar las cosas, las pendencias. Si no lo tienes claro, o piensas que no la quieres, es posible que no haya nada que hacer.

En mi nada humilde opinión (me jode la palabra humilde, si uno no lo es), ese tipo de acritud a la hora de tratar a tu pareja (hombre o mujer, da igual) viene provocada por varias cosas. Todas pueden englobarse en una: estrés. El ritmo de vida que llevamos es muy propicio para generar frustraciones (trabajos mal pagados o extenuantes, necesidad de trabajar para poder vivir, tener que hacer rutinariamente cosas que no te llenan: insatisfacción). También genera estrés la educación de los hijos (gran motivo de discusiones entre parejas), por la diferencia de criterios educativos o de filosofía de vida. Las relaciones familiares con los de  “la parte contraria”, son un buen caldo de cultivo para el cabreo.

Jode el atasco de todas las mañanas. Jode tener un jefe o jefa estúpida, jode volver a casa y ver a tu pareja viendo algo en la tele que te repele. Jode ver al niño o niña jugando con artilugios virtuales permanentemente. Jode que te hagan una pirula cuando conduces. Jode que se te cuele una abuela  en la compra. Jode que se te haya averiado el coche. Jode ir a comprar. Jode rodearse de gente molesta. Jode no tener dinero. Hay muchas cosas que joden, la vida es así de curiosa.

Pero nuestra propia frustración nos hace tener que explotar de alguna manera (no hay más que ver los campos de fútbol). No discutimos con el del atasco. No le decimos nada al jefe. No le decimos nada al de la pirula del coche (más allá de sacarle los cuernos y cagarnos en su puta madre). No le decimos nada a la abuela de la cola. No le decimos a la gente molesta lo que verdaderamente pensamos de ella. ¿Entonces?

Nuestra ira, nuestra furia, nuestros nervios, nuestra ansiedad, nuestro malestar con la vida....no podemos digerirlo fácilmente. Pero tenemos una solución: descargar nuestra ira, nuestra furia, nuestra ansiedad y nuestro malestar con....nuestra pareja (e hijos). Es fácil, está ahí a mano, hay confianza. Ella, o él, es el motivo de todos mis problemas, no los otros. Ya que con lo demás no puedo hacer nada.....al menos me queda mi pareja. Para mis malas contestaciones. Para mi falta de respeto. Para mi cerrazón. Para mis insultos. Para mi verdad absoluta.

Se puede decir que esto es lo que nos pasó a nosotros. Pero afortunadamente, la edad y la experiencia consiguieron remediarlo (y sexo: es un gran remedio para limar asperezas. Para sentir a tu pareja. Para volver a darte cuenta que la pareja es una, y los individuos, dos. Además, es gratis).



MISMO PERRO, DISTINTO COLLAR






Felipe González. Ex-presidente del gobierno, y aquejado del “síndrome del ex-presidente”. Básicamente, este síndrome es muy común en las personas que han tenido cierto poder y se niegan a aceptar que su tiempo ha pasado. Los síntomas son muy típicos: voy a expresar mis opiniones desde mi atalaya de sabiduría, a dar mis consejos empíricos infalibles, a cuidar de mis fieles cual pastor cuida de sus cabras. Soy un semidios, vaya.

Felipe González era socialista. También era obrero, de cuando la chaqueta con coderas. Por entonces, en el 82, había mucho que hacer en una España post-franquista y reaccionaria privada de un sinfín de libertades y derechos. Al principio de su mandato, Felipe y sus compañeros hicieron un buen trabajo: siendo fieles a sus ideales socialistas, consiguieron una auténtica revolución en un país que había pasado cuarenta años de dictadura militar franquista.

Poco a poco, los socialistas y obreros dejaron de serlo para convertirse en socialdemócratas. Eran nuevos tiempos, había que amoldarse a ellos y abrazar el capitalismo puro y duro, o al menos darle un par de besitos. Los escándalos de corrupción de su partido acabaron con el mandato de nuestro querido pater amantísimo, de nuestro gran caudillo y valedor de la democracia.

Felipe González inició la privatización de servicios básicos para la ciudadanía, como por ejemplo Endesa, Repsol, Telefónica, Argentaria y otras 80 operaciones. Todo el mundo tiene derecho a pagar un precio justo por los servicios básicos, más allá de los beneficios de caja. Estos servicios puede decirse que son: agua, luz, transporte, sanidad y educación. El abrió la lata, convirtiendo los ideales de su partido en pura mierda.

Felipe González fue “asesor” del Consejo de Administración de Gas Natural entre 2010 y 2015, a razón de 117.000 euros al año. Esto se llama devolver el favor.

Felipe, socialista: métete tus consejos paternales por donde te quepan, por detrás. Y vuelve a tu Consejo de Administración.


José María Aznar. Ex-presidente del gobierno, también aquejado del “síndrome del ex-presidente”. Probablemente un acomplejado que necesita que le quieran y le escuchen, y le reconozcan su inmensa capacidad intelectual para opinar sobre temas internacionales de cualquier índole. Como por ejemplo, su gran notoriedad alcanzada durante la guerra de Irak junto con sus amiguetes Tony Blair y George Bush. Me recuerda a aquél que iba bajo palio de la mano de Carmen Franco, otro acomplejado peligroso.

Con José María Aznar, se completó sobradamente la autovía del capitalismo salvaje y privatizaciones de todo tipo de servicios esenciales que ya había iniciado su querido amigo Felipe González. Entre otras cosas, subvencionó con 1,3 Billones de pesetas al sector privado eléctrico para compensar el adelanto de la liberalización del sector. La educación empezó a caer en manos privadas, así como la sanidad y el suministro de agua. Gran católico, su filosofía de vida consiste en primar a los que tienen el dinero suficiente para costearse una carrera, perpetuando de esta manera su especie. Todo para el ganador, nada para el perdedor. ¿Católico?

José María Aznar ha sido y es “consejero” de distintas empresas. De Endesa, durante un periodo similar al de Felipe, con una retribución incluso mayor. Intermediario del gran demócrata Muammar El Gadafi en sus negocios con Abengoa. Parecido a lo que hacía el rey emérito con Arabia Saudí y la constructora ACS mientras cazaba elefantes y se beneficiaba a la Corina.

Como consecuencia de estas actuaciones, nuestras facturas de luz, agua, electricidad, teléfono, gas, educación y sanidad son más elevadas. Pero podemos estar contentos, porque hay dos personas que tienen su cuenta mucho más abultada. Uno es socialista, y el otro conservador.

Todos los políticos forman parte de una gran mentira. No sé por qué los españoles no se levantan en armas, y dejan de votar a nuestros empleados para empezar a botarles.



M.A.R ADENTRO





Quiero dedicarle especialmente esta entrada a Miguel Ángel Rodríguez, ex-director de comunicación de cierto partido (que no viene al caso) entre los años 1988-1996. Aunque tengo por costumbre perdonar, rara vez olvido. Y en este caso, ni perdono ni olvido. Estaba bien guardado en mi memoria desde el año 2011, y siempre lo estará. El programa de Jordi Évole sobre la eutanasia me ha hecho refrescar mis cuentas pendientes, y con toda la admiración que me merece, voy a escribir sobre el personaje (que no persona).

Luis Montes Mieza. Médico anestesista español. Presidente de la asociación Derecho a Morir Dignamente. Ex-Coordinador del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Madrid desde el año 2000 hasta el año 2005, bajo la tutela de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Por entonces, a cargo de Manuel Lamela (consejero). El Dr. Montes no sólo merece todos mis respetos, sino que me parece una extraordinaria persona. Ha evitado mucho sufrimiento en España. Y nadie puede estar en desacuerdo....¿o sí?.

La eutanasia activa está prohibida en España. Pero cualquiera que haya tenido un familiar en esa triste situación, sabe que la eutanasia pasiva se aplica regularmente en la mayoría de hospitales desde hace muchos años. De una manera soterrada, se suministra morfina en los últimos instantes de la vida de una persona para evitar más sufrimiento cuando no hay nada que hacer. Se aplica la dosis poco a poco, y solo se aplica una dosis letal cuando los familiares lo piden: es la única manera de no infringir la ley. Así de triste lo que ya es muy triste. Hasta cuando te estás muriendo, dependes de las ideas de los demás.

El Dr. Montes fue investigado por la Comunidad de Madrid (a raíz de unas denuncias “anónimas”) por un número excesivo de sedaciones en casos de enfermos terminales. Se identificaron 73 casos de “mala praxis” (quizá dio la opción a los familiares de acelerar el inevitable desenlace, sin necesidad de acogerse a la estricta legalidad). Fue cesado de sus funciones y llevado a juicio. El Dr. Montes fue absuelto al no poderse demostrar esa mala praxis, y las sedaciones en el Hospital de Leganés se redujeron a la mitad.

Miguel Ángel Rodríguez fue condenado a pagar en el año 2011 cuarenta mil euros al Dr. Montes por llamarlo “nazi” en dos programas de televisión, con el argumento de que “quién quita la vida sin consentimiento del enfermo, es un nazi”. Brillante deducción, que un enfermo que está sufriendo, inconsciente o moribundo está perfectamente capacitado para decidir si quiere o no sedación. Este personaje (que no persona) se negó a pagar esa indemnización y sus cuentas fueron embargadas. Hay que reconocer que es consecuente con sus ideas, puesto que no se negó a pagar la multa por exceso de alcohol en su sangre (0,9: una cervecilla) mientras conducía en el año 2013.
Sufrió un accidente, y afortunadamente ni mató a nadie ni a nadie dejó en estado terminal (quieres caldo, pues toma dos tazas). Pena que no le hagan la prueba de alcoholemia regularmente, pagaríamos bastantes menos impuestos.

No quiero ni imaginarme el terrible dolor que ha pasado mucha gente como consecuencia de este episodio. El dolor de los enfermos que no han podido descansar en paz debido al miedo causado en otros anestesistas tras el cese del Dr. Montes. El miedo que ha podido crear este personaje en los médicos con sus declaraciones, miedo que se podría haber ahorrado. No sé la razón, probablemente creencias religiosas. Pero tengo una cosa clara: si en su lecho de muerte, el ínclito M.A.R tiene una pequeña molestia (pongamos un nada doloroso cáncer de páncreas), sus últimos gritos serán: “¡¡¡Que venga el Dr. Montes o quién sea, por Dios!!!”. Porque el Dr. Montes ya no podrá ayudarle. Y esta vez sí pagará gustosamente la indemnización, incluso más.


sábado, 26 de noviembre de 2016

ROSEBUD



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En el colegio solían hacernos esos típicos tests para evaluar determinadas aptitudes en los infantes. Ya se sabe, que si aptitud espacial (garabatos cubistas en un folio), cocientes de inteligencia (series de fichas de dominó, muy útiles si sabes jugar), comprensión lectora (palabras y frases tirando a absurdas), etc.
Eran los test COSPA. Ya a una edad temprana me parecía que no servían para nada, pero al menos no teníamos que seguir con el puto cuaderno Rubio de caligrafía.
El psicólogo (o lo que fuera, probablemente profesor de latín y griego reconvertido), tenía un aspecto de vendedor de enciclopedias: traje gris claro, corbata marciana con su correspondiente pasador dorado agitanado, nariz prominente con profusión de pelos emergentes de su interior. Era moreno, pero con dudas: no sabría decir si su pelo era graso o tenía gomina. Difícil de determinar. Para hacerse una idea, era como un personaje de los que salen en la serie "Cuéntame" (aunque ahora que lo pienso, en realidad era la época de esa serie: 1978 más o menos).
Los tests de ese día trataban de orientarnos hacia el futuro (ya estábamos en séptimo de EGB), para ver en que especialidad podríamos destacar y así tenerlo más fácil a la hora de solicitar prestaciones en el INEM. Eran estas áreas:

- Área matématicas.
- Área lenguaje.
- Área plástica.
- Área musical.
- Área ciencias naturales.

Empezamos a hacer los tests, toda la clase. Las chicas también, claro (y encima acababan antes, las muy cabritas). Y tuve un momento de iluminación, de alegría desbordante y enamoramiento precoz: ¡A AMPARITO LE ESTÁN SALIENDO LAS TETAS!. Amparito era mi amor platónico, habría regalado perfectamente mi colección de clicks de Famobil por un beso en los labios con ella.
Seguí haciendo el test de las narices (ya me daba igual: a Amparito le están saliendo las tetas. Yuhuuu!). Mi futuro sexual se presentaba esplendoroso.

Llegaron los resultados del test COSPA, a los que por supuesto mis padres no hicieron ni puto caso. Bastante tenía mi padre con ir al bingo (curiosamente, solo iba cuando le tocaba) y mi madre con mejorar su deconstrucción de la tortilla de patata (era inglesa, ardua tarea). Los resultados fueron estos:

- Área matématicas. SE MUESTRA POCO O NADA INTERESADO.
- Área lenguaje. NO SE MUESTRA NADA INTERESADO.
- Área plástica. SE MUESTRA POCO O NADA INTERESADO.
- Área musical. SE MUESTRA POCO O NADA INTERESADO.
- Área ciencias naturales. SE MUESTRA POCO O NADA INTERESADO.

No es que le prestara demasiada atención a los resultados (a Amparito le estaban saliendo las tetas, ese era mi verdadero interés), pero había algo que me sorprendía:
¿Cómo es posible que digan que no tengo interés, o poco, en nada?. ¡Si me he leído entera la enciclopedia "El Mundo de los Niños", algunos tomos varias veces! (ya se sabe, esa enciclopedia que nos compraban nuestros padres para que los niños fuéramos muy listos, que se quedaba unos años en el mueble de la tele sin que nadie le prestara la más mínima atención, junto a motivos cerámicos varios).¡Si hasta me sé el nombre del pueblo más largo del mundo del Guiness! (Thaumatawakatangiangakoauauatemateapokaiwenuakitanatahu).
Ligeramente perplejo, tardé un poco en encontrar una explicación. Pero dí con ella: ¡YA LO TENGO!. Si no me interesa nada, pero yo me he leído la enciclopedia, entonces...
¡SOY UN SUPERDOTADO! ¡Y A AMPARITO LE ESTÁN SALIENDO LAS TETAS!. ¡QUÉ BIEN! (entonces no se decía "Mola Mazo", "Dabuti" ni similares).
Una vez encontrada la explicación, decidí esperar unos años. Sólo tenía 12 años y era cuestión de tiempo lo de Amparito. Empecé a mirarme entre las piernas, con paciencia: ya crecerá, hay tiempo.
Seguí esperando: a los 13, 14,15. No acababa de confirmar mi teoría. Eso no acababa de crecer en consonancia con las tetas de Amparito.
Seguí esperando: a los 16, 17 y 18. Tiré la toalla (para entonces, Amparito se había cepillado a media clase). Agaché las orejas, maldiciendo a los test COSPA. Y saqué unas cuantas conclusiones:

- La palabra SUPERDOTADO no necesariamente implica el crecimiento exagerado de distintos atributos.
- Amparito era en realidad un poco cochinilla.
- Soy un obseso compulsivo (algo raro debe andar por mi cabeza para aprenderme el nombre del pueblo de marras con 10 años, y encima no se me olvida).
- Los tests COSPA sí sirven para algo: para hablar del tamaño de tu polla. Pensaba que no valían para nada.

(Y desgraciadamente, la mayor parte de este escrito es verdad)


GUERRA Y PAZ



GUERRA



 Terribles los días de mi alma perdida,
envuelta en alambres de espinos,
¿Qué es lo que queda de mi vida?
¿Una sombra errante que a solas camina?
Intento buscarla, atraparla de nuevo,
¿Esperanzas vanas de la abierta herida?
Recuerdos que me mantienen vivo,
¿o es la ilusión del que termina el camino?
¿Por qué es el alma lo que rige mi destino?
A solas con su ausencia infinita, 
zozobra de mi estima y pensamiento,
un deseo sólo pido, a gritos desesperados,
¿Cuándo volveré a encontrarte?
¡Alma de mis sueños desvelados!



PAZ



Cumplida ya la condena de las carencias,
de la apatía, de la mentira, las miserias,
rompo las cadenas de la ausencia
y observo y ofrezco mi alma al aire,
y ofrezco pero no vendo mi vida.
Resuelvo dudas a golpe de martillo
aún con miedo, redescubro caminos,
tapizo los agujeros, alambres y espinos
de la alfombra del amor, mares de pasión,
males curados y cauterizadas heridas.
Corrige sin miedo la senda del destino,
mi mano es tuya, volemos al cielo,
despejemos las nubes de lo incierto,
y ámame, disfruta hasta el infinito
del nuevo ser nacido, de mi corazón renovado,
de ti, de los sueños perdidos, nunca olvidados,
de la esperanza rediviva, del amor proscrito,
de los dos, dos cuerpos unidos sin duelo,
de la esperanza, del cariño, de la locura
del sentirse bien, del desconsuelo
de no tenernos al lado.
De lo que merecemos.


ANTIDEPRESIVOS



ROSEMARY

Me cuesta escribir sobre mi madre, y no me hace especial ilusión. Pero se lo debo. Mi homenaje es que perdure, aunque sea virtualmente. Pero no lo voy a hacer más.

Mi madre nació en Argentina en el año 1939, en el barrio de Temperley de Buenos Aires. Hija y nieta de colonos ingleses, por lo que más allá de su lugar de nacimiento, era inglesa de pura cepa. Su padre era militar del ejército británico, que participó activamente en la segunda guerra mundial (1939-1945). Como consecuencia de esto, mi madre conoció a su padre a los seis años, al finalizar la guerra. Aquí lo tienes, este es tu padre.

En el entretiempo, mi abuela Margaret conoció a otro hombre. Andreas Lauritz. Húngaro nacionalizado uruguayo, hombre de mundo que odiaba a los rusos (la URSS entonces), puesto que habían invadido su país. Era un hombre bastante guapo, hablaba seis idiomas y se le daban francamente bien las mujeres. Y con una filosofía de vida acorde: en vez de trabajar, mejor vivo de las rentas de las mujeres. Gran bebedor, como toda la familia de mi madre.

Parece que mi abuelo no sé tomo muy bien lo de mi abuela con el húngaro, por lo que (viviendo en Inglaterra) reclamó que los niños fueran con él. Entonces no era como ahora, si un hombre separado o divorciado pedía a los niños, era obligatorio para la madre hacerlo. Mi tío David (otro gran bebedor, vive en Canadá) y mi madre fueron a Inglaterra. Tres semanas de viaje en barco, y no precisamente en un crucero de lujo. Una niña de seis años entonces, que acabaría cogiendo el metro a los 9 años junto con su hermano de 11 para ir al colegio. Ni siquiera había Pokémon que buscar en el metro: la posguerra en Inglaterra fue terrible (dejaron de haber gatos por las calles).

Mi madre creció y vivió en Londres hasta los 25 años. Hasta que mi abuela Margaret (buena bebedora también) se jubiló anticipadamente (farmacéutica Roche) y se fue a vivir a Benidorm, junto con el húngaro. Entonces Benidorm era un pueblecito de pescadores, idílico. Mi madre se puso a trabajar de guía turístico, y en una de esas casualidades de la vida conoció a mi padre en Valencia. Se casaron a los siete meses, nueve meses después nació mi hermana (mi abuela Pepita siempre dijo que el nacimiento de mi hermana había sido “muy justito”). A los dos años del nacimiento de mi hermana, ahí estaba yo preparado para asomar mi descomunal cabeza al mundo.

Estando mi madre embarazada de mí, mi abuela Margaret tuvo la ocurrencia de suicidarse en Benidorm. Pero de una manera de lo más divertida: me pongo varios jerseys y me meto en el mar, a ver si me ahogo un rato. Mi madre tuvo que lidiar con reconocer el cadáver de su propia madre, no muy mayor (menos de 60). Varado en la playa. Escalofriante para cualquier persona. A los cuatro meses de esta experiencia tan enriquecedora, nací yo (67). Quizá por eso se puede decir que era el favorito de mi madre, aunque es posible que mis hermanos no hayan caído en este detalle.

Por entonces, mi madre tenía 29 años. Lógicamente, mi madre pasó por momentos depresivos durante esa época. Tristeza. Sentimiento de culpa. Dolor. La vida no le estaba tratando demasiado bien, pero todavía le reservaba una maravillosa sorpresa. A los 40 años un día empezó a cojear. Yo tenía 12 años, y no entendía el motivo de esa cojera, pero ella sí debía saberlo: esclerosis múltiple. Una enfermedad devastadora, progresiva, que mantiene tus facultades mentales mientras ves que tu cuerpo se apaga físicamente. De la cojera al bastón. Del bastón a la muleta. De la muleta a las dos muletas. De las dos muletas normales, a las dos muletas con refuerzo. Con estas dos muletas, a intentar retrasar lo inevitable: la silla de ruedas. 15 años en silla de ruedas.

Mi madre tuvo que soportar mucho dolor en su vida, desde su niñez. En su juventud. En su madurez. En sus últimos días. Pero ella jamás perdió la sonrisa, jamás perdió las ganas de disfrutar de la vida. De disfrutar de una copa de vino rodeada de sus hijos, de disfrutar viendo el mar y la playa que ya no podía recorrer. De ayudar a los demás (católica convencida, no como los que celebran la comunión de sus hijos y nunca vuelven a pisar una iglesia). De su fantástico humor inglés, de sus amigos, de su perro. Mi madre era una persona feliz.

Quiero poner a mi madre como ejemplo de que todos nuestros problemas son relativos. Que en la vida, lo importante es la actitud con la que la afrentas. Que solo se viven dos días, y que debemos aprovecharla al máximo. Que uno no elige dónde nace y dónde muere, pero sí como vive (frase de mi hermano). Porque la vida sólo tiene una cosa segura: todos vamos a morir.

Aunque haya puesto como ejemplo a mi madre, quiero también poner como ejemplo a mi padre. El ejemplo del amor sin fisuras, amor sin matices. Estuvo cuidando de mi madre esos 15 o 20 años, muy duros. De enfermero. De médico. De celador. De todo, aún a sabiendas que su vida estaba castrada por la enfermedad de mi madre. No sé exactamente definir la palabra amor, pero ver lo que ha hecho mi padre por mi madre me da una idea clara de lo que realmente significa.

No voy a poner fotos de mi madre. Por dos razones: la primera es porque no lo considero oportuno, y la segunda porque la primera razón siempre es la más importante.


TOBY

Qué decir de mi primo Toby Churchill. La hostia, sin más. Mi primo Toby era una persona físicamente “normal” (no sé qué es exactamente eso de “normal”, pero me parece hasta despectivo para muchas personas). Un joven con una vida estándar, con su vida estándar y como cualquier otra persona. Nacido en Cambridge, hijo de padre militar (mi tío Oliver) que combatió en la segunda guerra mundial con cierto éxito (si se puede tener éxito en hacer algo que es abominable de por sí). En unas vacaciones en Francia y tras bañarse en un río, sufrió algún accidente vascular en su cerebro del que nunca se supo la causa. Tenía 21 años.

Como consecuencia del accidente, Toby perdió toda la movilidad de su cuerpo excepto el brazo derecho, que mueve muy torpemente. Perdió el habla. En resumen, se daban las condiciones necesarias para coger la depresión del siglo y tratar de suicidarse a toda costa.

Pero no. Toby no eligió eso. Toby eligió luchar. Vivir. Aceptar lo que le había pasado. Con el tiempo, Toby acabó de completar su formación en ingeniería electrónica. Creó una máquina para poder comunicarse con los demás mediante un teclado (como la que usa Hawking habitualmente). Ideó un vehículo para ser conducido con un joystick, que el mismo llevaba. Creó una empresa para fabricar y vender su máquina (con cinco empleados). Su casa estaba perfectamente adaptada. Era autosuficiente, todo pensado para él y para....su padre. Fue condecorado por la Reina de Inglaterra. Todo con un brazo.

Toby “conoció” a una chica norteamericana por internet. La chica aceptó casarse con él (todos alucinábamos en casa). Tuvo una hija con ella (para evitar suspicacias, diré que se parecía a él: se ve que tenía otro movimiento escondido, aparte del brazo). Con el tiempo acabó divorciándose de ella....para casarse de nuevo, esta vez con una asiática. Por cierto, la primera mujer fue la anterior alcaldesa de Cambridge (joder con mi familia inglesa...). Toby no conoce la palabra depresión. No está en su diccionario. No le gusta que le ayuden.

A los 15 años del “percance” de Toby, mi tío Oliver sufrió un derrame cerebral que le dejó en silla de ruedas. También perdió el habla, pero “sólo” se vio afectada la mitad de su cuerpo. Cuando estuve en su casa, te rompía el alma ver como sonreía por cualquier cosa, como reía y disfrutaba. Se le veía feliz. Contento. Con aspecto de maravillosa persona, que lo era.

Al salir de su casa, andaba jodido y deprimido. Pero por respeto a ellos, por respeto a mi tía Ruth que tuvo que bregar con esta historia, decidí deprimirme lo justo y necesario. No tenía ningún derecho a estarlo, aunque entiendo perfectamente que haya gente que lo esté. No soy quién para juzgar nada de nadie (excepto a algún personaje público que lo merece, no en este caso), tan sólo pretendo ayudar a los demás.

No voy a publicar fotos por la primera razón de antes. Pero si alguien está interesado, ambos están en wikipedia (Toby en más sitios, tan solo hace falta teclear su nombre).

PARALÍMPICOS





Al que le guste el deporte, siempre se alegrará de los éxitos de los deportistas españoles en los juegos Olímpicos (ese es mi caso). Supongo que más allá del patriotismo (detesto esa palabra), te alegras porque ves como muy cercano que un tal Pau Gasol o Ruth Beitia han tenido grandes éxitos (y muy merecidos en el caso de ambos, soy muy fan de ellos). Son de los nuestros.

Pero voy a dedicar unas palabras a la gente que se lo merece más: los deportistas paralímpicos. ¿Alguien sabe como ha quedado España en el medallero Paraolímpico? ¿Cuantos oros? ¿No?

Enhorabuena, bienvenido al mundo real. Al mundo de lo perfecto. Al mundo donde se prima el esfuerzo, claro, pero no igual para todos. Al mundo que crea estrellas si dan dinero, si son guapas, guapos o simpáticos y sobre todo si venden productos de merchandising a millones. Ese es nuestro mundo, sin duda.

Pero si las Olimpiadas valoraran de verdad lo que es el esfuerzo, el espíritu de lucha, la superación personal, la cara de alegría desmedida al recibir una medalla con medio brazo, una pierna, ceguera o parálisis, creo que se debería reconocer que estos son los verdaderos campeones, al menos de la vida.