domingo, 27 de noviembre de 2016

M.A.R ADENTRO





Quiero dedicarle especialmente esta entrada a Miguel Ángel Rodríguez, ex-director de comunicación de cierto partido (que no viene al caso) entre los años 1988-1996. Aunque tengo por costumbre perdonar, rara vez olvido. Y en este caso, ni perdono ni olvido. Estaba bien guardado en mi memoria desde el año 2011, y siempre lo estará. El programa de Jordi Évole sobre la eutanasia me ha hecho refrescar mis cuentas pendientes, y con toda la admiración que me merece, voy a escribir sobre el personaje (que no persona).

Luis Montes Mieza. Médico anestesista español. Presidente de la asociación Derecho a Morir Dignamente. Ex-Coordinador del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Madrid desde el año 2000 hasta el año 2005, bajo la tutela de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Por entonces, a cargo de Manuel Lamela (consejero). El Dr. Montes no sólo merece todos mis respetos, sino que me parece una extraordinaria persona. Ha evitado mucho sufrimiento en España. Y nadie puede estar en desacuerdo....¿o sí?.

La eutanasia activa está prohibida en España. Pero cualquiera que haya tenido un familiar en esa triste situación, sabe que la eutanasia pasiva se aplica regularmente en la mayoría de hospitales desde hace muchos años. De una manera soterrada, se suministra morfina en los últimos instantes de la vida de una persona para evitar más sufrimiento cuando no hay nada que hacer. Se aplica la dosis poco a poco, y solo se aplica una dosis letal cuando los familiares lo piden: es la única manera de no infringir la ley. Así de triste lo que ya es muy triste. Hasta cuando te estás muriendo, dependes de las ideas de los demás.

El Dr. Montes fue investigado por la Comunidad de Madrid (a raíz de unas denuncias “anónimas”) por un número excesivo de sedaciones en casos de enfermos terminales. Se identificaron 73 casos de “mala praxis” (quizá dio la opción a los familiares de acelerar el inevitable desenlace, sin necesidad de acogerse a la estricta legalidad). Fue cesado de sus funciones y llevado a juicio. El Dr. Montes fue absuelto al no poderse demostrar esa mala praxis, y las sedaciones en el Hospital de Leganés se redujeron a la mitad.

Miguel Ángel Rodríguez fue condenado a pagar en el año 2011 cuarenta mil euros al Dr. Montes por llamarlo “nazi” en dos programas de televisión, con el argumento de que “quién quita la vida sin consentimiento del enfermo, es un nazi”. Brillante deducción, que un enfermo que está sufriendo, inconsciente o moribundo está perfectamente capacitado para decidir si quiere o no sedación. Este personaje (que no persona) se negó a pagar esa indemnización y sus cuentas fueron embargadas. Hay que reconocer que es consecuente con sus ideas, puesto que no se negó a pagar la multa por exceso de alcohol en su sangre (0,9: una cervecilla) mientras conducía en el año 2013.
Sufrió un accidente, y afortunadamente ni mató a nadie ni a nadie dejó en estado terminal (quieres caldo, pues toma dos tazas). Pena que no le hagan la prueba de alcoholemia regularmente, pagaríamos bastantes menos impuestos.

No quiero ni imaginarme el terrible dolor que ha pasado mucha gente como consecuencia de este episodio. El dolor de los enfermos que no han podido descansar en paz debido al miedo causado en otros anestesistas tras el cese del Dr. Montes. El miedo que ha podido crear este personaje en los médicos con sus declaraciones, miedo que se podría haber ahorrado. No sé la razón, probablemente creencias religiosas. Pero tengo una cosa clara: si en su lecho de muerte, el ínclito M.A.R tiene una pequeña molestia (pongamos un nada doloroso cáncer de páncreas), sus últimos gritos serán: “¡¡¡Que venga el Dr. Montes o quién sea, por Dios!!!”. Porque el Dr. Montes ya no podrá ayudarle. Y esta vez sí pagará gustosamente la indemnización, incluso más.


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