Quiero
dedicarle especialmente esta entrada a Miguel Ángel Rodríguez,
ex-director de comunicación de cierto partido (que no viene al caso)
entre los años 1988-1996. Aunque tengo por costumbre perdonar, rara
vez olvido. Y en este caso, ni perdono ni olvido. Estaba bien
guardado en mi memoria desde el año 2011, y siempre lo estará. El
programa de Jordi Évole sobre la eutanasia me ha hecho refrescar mis
cuentas pendientes, y con toda la admiración que me merece, voy a
escribir sobre el personaje (que no persona).
Luis
Montes Mieza. Médico anestesista español. Presidente de la
asociación Derecho a Morir Dignamente. Ex-Coordinador del Servicio
de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Madrid desde el año 2000
hasta el año 2005, bajo la tutela de la Consejería de Sanidad de la
Comunidad de Madrid. Por entonces, a cargo de Manuel Lamela
(consejero). El Dr. Montes no sólo merece todos mis respetos, sino
que me parece una extraordinaria persona. Ha evitado mucho
sufrimiento en España. Y nadie puede estar en desacuerdo....¿o sí?.
La
eutanasia activa está prohibida en España. Pero cualquiera que haya
tenido un familiar en esa triste situación, sabe que la eutanasia
pasiva se aplica regularmente en la mayoría de hospitales desde hace
muchos años. De una manera soterrada, se suministra morfina en los
últimos instantes de la vida de una persona para evitar más
sufrimiento cuando no hay nada que hacer. Se aplica la dosis poco a
poco, y solo se aplica una dosis letal cuando los familiares lo
piden: es la única manera de no infringir la ley. Así de
triste lo que ya es muy triste. Hasta cuando te estás muriendo,
dependes de las ideas de los demás.
El
Dr. Montes fue investigado por la Comunidad de Madrid (a raíz de
unas denuncias “anónimas”) por un número excesivo de sedaciones
en casos de enfermos terminales. Se identificaron 73 casos de “mala
praxis” (quizá dio la opción a los familiares de acelerar el
inevitable desenlace, sin necesidad de acogerse a la estricta
legalidad). Fue cesado de sus funciones y llevado a juicio. El Dr.
Montes fue absuelto al no poderse demostrar esa mala praxis, y las
sedaciones en el Hospital de Leganés se redujeron a la mitad.
Miguel
Ángel Rodríguez fue condenado a pagar en el año 2011 cuarenta mil
euros al Dr. Montes por llamarlo “nazi” en dos programas de
televisión, con el argumento de que “quién quita la vida sin
consentimiento del enfermo, es un nazi”. Brillante deducción, que
un enfermo que está sufriendo, inconsciente o moribundo está
perfectamente capacitado para decidir si quiere o no sedación. Este
personaje (que no persona) se negó a pagar esa indemnización y sus
cuentas fueron embargadas. Hay que reconocer que es consecuente con
sus ideas, puesto que no se negó a pagar la multa por exceso de
alcohol en su sangre (0,9: una cervecilla) mientras conducía en el
año 2013.
Sufrió
un accidente, y afortunadamente ni mató a nadie ni a nadie dejó en
estado terminal (quieres caldo, pues toma dos tazas). Pena que no le
hagan la prueba de alcoholemia regularmente, pagaríamos bastantes
menos impuestos.
No
quiero ni imaginarme el terrible dolor que ha pasado mucha gente como
consecuencia de este episodio. El dolor de los enfermos que no han
podido descansar en paz debido al miedo causado en otros anestesistas
tras el cese del Dr. Montes. El miedo que ha podido crear este
personaje en los médicos con sus declaraciones, miedo que se podría
haber ahorrado. No sé la razón, probablemente creencias religiosas.
Pero tengo una cosa clara: si en su lecho de muerte, el ínclito
M.A.R tiene una pequeña molestia (pongamos un nada doloroso cáncer
de páncreas), sus últimos gritos serán: “¡¡¡Que venga el Dr.
Montes o quién sea, por Dios!!!”. Porque el Dr. Montes ya no podrá ayudarle.
Y esta vez sí pagará gustosamente la indemnización, incluso más.

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