Felipe
González. Ex-presidente del gobierno, y aquejado del “síndrome
del ex-presidente”. Básicamente, este síndrome es muy común en
las personas que han tenido cierto poder y se niegan a aceptar que su
tiempo ha pasado. Los síntomas son muy típicos: voy a expresar mis
opiniones desde mi atalaya de sabiduría, a dar mis consejos
empíricos infalibles, a cuidar de mis fieles cual pastor cuida de
sus cabras. Soy un semidios, vaya.
Felipe
González era socialista. También era obrero, de cuando la chaqueta
con coderas. Por entonces, en el 82, había mucho que hacer en una
España post-franquista y reaccionaria privada de un sinfín de
libertades y derechos. Al principio de su mandato, Felipe y sus
compañeros hicieron un buen trabajo: siendo fieles a sus ideales
socialistas, consiguieron una auténtica revolución en un país que
había pasado cuarenta años de dictadura militar franquista.
Poco
a poco, los socialistas y obreros dejaron de serlo para convertirse
en socialdemócratas. Eran nuevos tiempos, había que amoldarse a
ellos y abrazar el capitalismo puro y duro, o al menos darle un par
de besitos. Los escándalos de corrupción de su partido acabaron con
el mandato de nuestro querido pater amantísimo, de nuestro gran
caudillo y valedor de la democracia.
Felipe
González inició la privatización de servicios básicos para la
ciudadanía, como por ejemplo Endesa, Repsol, Telefónica, Argentaria
y otras 80 operaciones. Todo el mundo tiene derecho a pagar un precio
justo por los servicios básicos, más allá de los beneficios de
caja. Estos servicios puede decirse que son: agua, luz, transporte,
sanidad y educación. El abrió la lata, convirtiendo los ideales de
su partido en pura mierda.
Felipe
González fue “asesor” del Consejo de Administración de Gas
Natural entre 2010 y 2015, a razón de 117.000 euros al año. Esto se
llama devolver el favor.
Felipe, socialista:
métete tus consejos paternales por donde te quepan, por detrás. Y
vuelve a tu Consejo de Administración.
José
María Aznar. Ex-presidente del
gobierno, también aquejado del “síndrome del ex-presidente”.
Probablemente un acomplejado que necesita que le quieran y le
escuchen, y le reconozcan su inmensa capacidad intelectual para
opinar sobre temas internacionales de cualquier índole. Como por
ejemplo, su gran notoriedad alcanzada durante la guerra de Irak junto
con sus amiguetes Tony Blair y George Bush. Me recuerda a aquél que
iba bajo palio de la mano de Carmen Franco, otro acomplejado
peligroso.
Con
José María Aznar, se completó sobradamente la autovía del
capitalismo salvaje y privatizaciones de todo tipo de servicios
esenciales que ya había iniciado su querido amigo Felipe González.
Entre otras cosas, subvencionó con 1,3 Billones
de pesetas al sector privado eléctrico para compensar el adelanto de
la liberalización del sector. La educación empezó a caer en manos
privadas, así como la sanidad y el suministro de agua. Gran
católico, su filosofía de vida consiste en primar a los que tienen
el dinero suficiente para costearse una carrera, perpetuando de esta
manera su especie. Todo para el ganador, nada para el perdedor.
¿Católico?
José
María Aznar ha sido y es “consejero” de distintas empresas. De
Endesa, durante un periodo similar al de Felipe, con una retribución
incluso mayor. Intermediario del gran demócrata Muammar El Gadafi en
sus negocios con Abengoa. Parecido a lo que hacía el rey emérito
con Arabia Saudí y la constructora ACS mientras cazaba elefantes y
se beneficiaba a la Corina.
Como
consecuencia de estas actuaciones, nuestras facturas de luz, agua,
electricidad, teléfono, gas, educación y sanidad son más elevadas.
Pero podemos estar contentos, porque hay dos personas que tienen su
cuenta mucho más abultada. Uno es socialista, y el otro conservador.
Todos
los políticos forman parte de una gran mentira. No sé por qué los
españoles no se levantan en armas, y dejan de votar a nuestros
empleados para empezar a botarles.

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