domingo, 27 de noviembre de 2016

MISMO PERRO, DISTINTO COLLAR






Felipe González. Ex-presidente del gobierno, y aquejado del “síndrome del ex-presidente”. Básicamente, este síndrome es muy común en las personas que han tenido cierto poder y se niegan a aceptar que su tiempo ha pasado. Los síntomas son muy típicos: voy a expresar mis opiniones desde mi atalaya de sabiduría, a dar mis consejos empíricos infalibles, a cuidar de mis fieles cual pastor cuida de sus cabras. Soy un semidios, vaya.

Felipe González era socialista. También era obrero, de cuando la chaqueta con coderas. Por entonces, en el 82, había mucho que hacer en una España post-franquista y reaccionaria privada de un sinfín de libertades y derechos. Al principio de su mandato, Felipe y sus compañeros hicieron un buen trabajo: siendo fieles a sus ideales socialistas, consiguieron una auténtica revolución en un país que había pasado cuarenta años de dictadura militar franquista.

Poco a poco, los socialistas y obreros dejaron de serlo para convertirse en socialdemócratas. Eran nuevos tiempos, había que amoldarse a ellos y abrazar el capitalismo puro y duro, o al menos darle un par de besitos. Los escándalos de corrupción de su partido acabaron con el mandato de nuestro querido pater amantísimo, de nuestro gran caudillo y valedor de la democracia.

Felipe González inició la privatización de servicios básicos para la ciudadanía, como por ejemplo Endesa, Repsol, Telefónica, Argentaria y otras 80 operaciones. Todo el mundo tiene derecho a pagar un precio justo por los servicios básicos, más allá de los beneficios de caja. Estos servicios puede decirse que son: agua, luz, transporte, sanidad y educación. El abrió la lata, convirtiendo los ideales de su partido en pura mierda.

Felipe González fue “asesor” del Consejo de Administración de Gas Natural entre 2010 y 2015, a razón de 117.000 euros al año. Esto se llama devolver el favor.

Felipe, socialista: métete tus consejos paternales por donde te quepan, por detrás. Y vuelve a tu Consejo de Administración.


José María Aznar. Ex-presidente del gobierno, también aquejado del “síndrome del ex-presidente”. Probablemente un acomplejado que necesita que le quieran y le escuchen, y le reconozcan su inmensa capacidad intelectual para opinar sobre temas internacionales de cualquier índole. Como por ejemplo, su gran notoriedad alcanzada durante la guerra de Irak junto con sus amiguetes Tony Blair y George Bush. Me recuerda a aquél que iba bajo palio de la mano de Carmen Franco, otro acomplejado peligroso.

Con José María Aznar, se completó sobradamente la autovía del capitalismo salvaje y privatizaciones de todo tipo de servicios esenciales que ya había iniciado su querido amigo Felipe González. Entre otras cosas, subvencionó con 1,3 Billones de pesetas al sector privado eléctrico para compensar el adelanto de la liberalización del sector. La educación empezó a caer en manos privadas, así como la sanidad y el suministro de agua. Gran católico, su filosofía de vida consiste en primar a los que tienen el dinero suficiente para costearse una carrera, perpetuando de esta manera su especie. Todo para el ganador, nada para el perdedor. ¿Católico?

José María Aznar ha sido y es “consejero” de distintas empresas. De Endesa, durante un periodo similar al de Felipe, con una retribución incluso mayor. Intermediario del gran demócrata Muammar El Gadafi en sus negocios con Abengoa. Parecido a lo que hacía el rey emérito con Arabia Saudí y la constructora ACS mientras cazaba elefantes y se beneficiaba a la Corina.

Como consecuencia de estas actuaciones, nuestras facturas de luz, agua, electricidad, teléfono, gas, educación y sanidad son más elevadas. Pero podemos estar contentos, porque hay dos personas que tienen su cuenta mucho más abultada. Uno es socialista, y el otro conservador.

Todos los políticos forman parte de una gran mentira. No sé por qué los españoles no se levantan en armas, y dejan de votar a nuestros empleados para empezar a botarles.



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