QUIERO A MI PAREJA, ¿ENTONCES?
Sólo tengo una razón para escribir sobre las relaciones de pareja. De ninguna manera voy a aconsejar a nadie hacer tal o cual cosa por el hecho de que a mí me haya ido bien, mal o regular (dar consejos siempre tiene un punto de soberbia y condescendencia, dos palabras que rehuyo). Tampoco soy ni la persona más lista, inteligente o guapa (perdón por la obviedad), ni me creo Dios ni nada por el estilo (entre otras cosas, yo sí existo).
Mi única razón para escribir sobre este tema es que una de
las cosas que más feliz me hace es ver felices a los demás. Me pone. A los que me importan, claro (no soy cura ni
gilipollas). Simplemente voy a tratar de ayudar a quién se lo merezca. Si vale,
fenomenal; si no vale, pues que se le va a hacer. Pero es mi obligación intentarlo
(pero no es obligación de nadie ni leer
esto, ni estar de acuerdo).
Siempre he tenido claro que quiero a mi pareja. La adoro. Ha sido y es muy importante en la vida, y sé que pasaremos el resto de nuestra existencia juntos (a menos que contrate como jardinero a Johnny Depp: veríamos). Nos llevamos bien, nos aguantamos nuestras estupideces, nuestro mutuo mal humor pasajero y nuestros defectos (nadie es perfecto, y el que se lo crea es, aparte de imperfecto, bobito). Nos queremos, eso es todo.
Al principio de nuestra relación (o convivencia más bien),
tuvimos algunos problemas. Discusiones. Mala leche periódica. Cabreos
duraderos. Incomprensión. Creencia en tener siempre la razón. Los dos tenemos
caracteres fuertes (cuando me dicen que una persona tiene un carácter fuerte,
no puedo evitar pensar que en realidad tiene muy mala hostia). Entonces, si nos
queríamos...¿por qué? Las relaciones de pareja no son fáciles, ni lo serán.
Pero si tienes claro que quieres a tu pareja, hay mucho terreno ganado. Es más
fácil arreglar las cosas, las pendencias. Si no lo tienes claro, o piensas que
no la quieres, es posible que no haya nada que hacer.
En mi nada humilde opinión (me jode la palabra humilde, si
uno no lo es), ese tipo de acritud a la hora de tratar a tu pareja (hombre o
mujer, da igual) viene provocada por varias cosas. Todas pueden englobarse en
una: estrés. El ritmo de vida que llevamos es muy propicio para generar
frustraciones (trabajos mal pagados o extenuantes, necesidad de trabajar para
poder vivir, tener que hacer rutinariamente cosas que no te llenan:
insatisfacción). También genera estrés la educación de los hijos (gran motivo
de discusiones entre parejas), por la diferencia de criterios educativos o de
filosofía de vida. Las relaciones familiares con los de “la parte contraria”, son un buen caldo de
cultivo para el cabreo.
Jode el atasco de todas las mañanas. Jode tener un jefe o
jefa estúpida, jode volver a casa y ver a tu pareja viendo algo en la tele que
te repele. Jode ver al niño o niña jugando con artilugios virtuales
permanentemente. Jode que te hagan una pirula cuando conduces. Jode que se te
cuele una abuela en la compra. Jode que
se te haya averiado el coche. Jode ir a comprar. Jode rodearse de gente
molesta. Jode no tener dinero. Hay muchas cosas que joden, la vida es así de
curiosa.
Pero nuestra propia frustración nos hace tener que explotar
de alguna manera (no hay más que ver los campos de fútbol). No discutimos con
el del atasco. No le decimos nada al jefe. No le decimos nada al de la pirula
del coche (más allá de sacarle los cuernos y cagarnos en su puta madre). No le
decimos nada a la abuela de la cola. No le decimos a la gente molesta lo que
verdaderamente pensamos de ella. ¿Entonces?
Nuestra ira, nuestra furia, nuestros nervios, nuestra
ansiedad, nuestro malestar con la vida....no podemos digerirlo fácilmente. Pero
tenemos una solución: descargar nuestra ira, nuestra furia, nuestra ansiedad y
nuestro malestar con....nuestra pareja (e hijos). Es fácil, está ahí a mano,
hay confianza. Ella, o él, es el motivo de todos mis problemas, no los otros. Ya
que con lo demás no puedo hacer nada.....al menos me queda mi pareja. Para mis
malas contestaciones. Para mi falta de respeto. Para mi cerrazón. Para mis
insultos. Para mi verdad absoluta.
Se puede decir que esto es lo que nos pasó a nosotros. Pero
afortunadamente, la edad y la experiencia consiguieron remediarlo (y sexo: es
un gran remedio para limar asperezas. Para sentir a tu pareja. Para volver a
darte cuenta que la pareja es una, y los individuos, dos. Además, es gratis).

Excelente Reflexión!
ResponderEliminarOriginal forma de verlo. Comparto algunas, otras para nada. Quizá porqué siempre he sido muy ñoña y muy romanticona.
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