miércoles, 12 de julio de 2023

 

EL DÍA QUE ME CONVERTÍ EN UNA PERSONA AMABLE

 


Reconozco que no era el mejor día para hacer amigos.

Bien entrado el mes de Julio, el calor que hacía se asomaba a una dimensión desconocida. Apostado contra la pared de un taller junto a una gasolinera en el medio de la nada, esperaba con resignación a que cambiaran los malditos neumáticos del coche, maldito el momento, maldita la vida, maldito yo. Ni siquiera las golondrinas se atrevían a volar, y las lagartijas sacaron la bandera de la rendición. 

El sudor como perfume, la debilidad como compañera de viaje, la apatía por definición. No era el día, no.

A lo lejos, vi como poco a poco se acercaba hacia la puerta del taller un BMW de alta gama conducido por un señor de cierta edad, bien vestido y aseadito. El coche emitía un ruido chirriante por la parte inferior delantera. Paró el coche, y aparcó.

Como tampoco tenía mejor cosa que hacer, y olvidándome de mi paradójica misantropía, saludé al señor y me agaché por debajo del vehículo. La tapa de protección del cárter se había desprendido, tan solo era cuestión de fijar un par de tornillos.

 “No se preocupe, no hay problema con las ruedas. Es la tapa del cárter que está suelta…”

 “Ah, muchas gracias. ¿Y cuándo me lo pueden arreglar? Es que tengo que ir a la misa de  doce, y no sé si voy a poder llegar”.

“No, disculpe. No trabajo en el taller”.

“¿No? Ah. Entonces, usted es.... una persona amable, vaya. Muchas gracias”.

“De nada”

Volví a la pared de mis lamentaciones, a dejar pasar el tiempo sin más. Seguía sin haber pájaros. ¿Estarían muertos? Quién sabe, creo que empezaba ya a delirar…

El buen señor se acercó a la puerta del taller. Le atendió un mecánico marroquí, de manera educada y cordial.

-       -  “Buenos días, ¿cúal es problema en coche?”

-        -  “No, no. Usted, no. ¿No hay ningún mecánico español?

-       -   “¿Cómo? ¿Por qué?

-        - “Porque prefiero mecánico español de confianza. Usted, no.”

El mecánico marroquí se despidió no sin antes decirle algunas palabras en árabe altisonantes, con muchas jotas, imposibles de entender. Vino otro compañero, y le atendió.

Mi coche ya estaba prácticamente terminado, y para celebrarlo compré una botella grande de agua en la gasolinera. Le dí un buen trago, y vacié el resto de agua sobre una jardinera repleta de colillas y caracoles resecos. Llené de gasolina la botella en el surtidor y recogí el coche. El trago de agua me abrió la mente, me relajó, me hizo ver la vida con claridad de nuevo.

El agua que desborda el vaso. No era el día. ¿O sí? Quizá estaba ya cansado de oír comentarios xenófobos, de soportar conversaciones impunes sobre los homosexuales, de diatribas racistas de bienintencionados de misa diaria, o de negacionistas del machismo de inteligencia limitada y estrechas miras. Esos comentarios que escupen sin pudor  personajes que adoran a su familia y que dan moneditas a los pobres, y que sin duda irán al infierno.

Esperé a que terminaran con el coche del buen señor, y le seguí hasta la iglesia de Boadilla del Monte.

Y la persona amable, dejó de serlo. Es sorprendente lo rápido que arde un BMW.