lunes, 12 de diciembre de 2016

VACUNAS




(niño afectado por la polio en Islamabad, Afganistán)


Desde hace unos años hay una corriente, o modita, que promulga la no vacunación de las personas. Parece que los motivos que esgrimen son variados, pero básicamente porque las vacunas afectan a la salud de los vacunados por sus efectos secundarios  (que sin duda pueden tener). Hay dos variantes de clasificación en este colectivo:

1. Desinformados.

Se necesita estar muy desinformado para renegar de las vacunas, habida cuenta que el mejor invento de la historia moderna (el que más vidas ha salvado) ha sido la penicilina, por un tal Alexander Fleming. No sé si estos iluminados serán conscientes de los millones de vidas, sufrimientos y dolor que este simple invento ha evitado. Y que  afortunadamente, la mayoría no cuestiona. Por no hablar de enfermedades como la malaria o la tuberculosis (cientos de miles de muertes al año), cuyas vacunas no acaban de ser efectivas del todo. Estas enfermedades afectan sobre todo al llamado (no se sabe muy bien por qué) “tercer mundo”. 
Ya se sabe, en el “primer mundo” nos podemos permitir esos lujos. Tenemos el estómago lleno, y total son negritos...El típico planteamiento burgués.
Pero que muy desinformados.

2. Egoístas (y desinformados).

Este sub-grupo es todavía más hiriente. No se conforman con propagar su falta de información, sino que prefieren que los demás sean los que vacunen a sus hijos. La lógica es buena: si los demás están vacunados...¿para qué quiero vacunar a mi hijo?. El problema viene cuando en una determinada comunidad (por ejemplo en el colegio, guardería...) alguien contrae esa enfermedad porque tampoco estaba vacunado. En ese momento, todo el mundo se contagia de esa enfermedad (desgraciadamente, se han dado casos fatales ya).  Obvio es decir que no te puedes alegrar, pero sí se puede decir: te lo has buscado.

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