La situación
era la siguiente, según me comentó una amiga mía: su abuelo estaba en el
hospital, a punto de morir. Toda la familia estaba rodeándole, esperando el
dramático final. El abuelo abrió los ojos, y se pudieron oír sus últimas palabras:
“todo es mentira”.
Esa frase es
inquietante, más allá de la monumental sorpresa que fue para todos esas
palabras elegidas como las últimas de su vida. ¿Por qué? ¿A qué se refería? ¿En
qué estaba pensando? ¿De qué mentira habla?
¿Quizá
hablaba de la mentira en la que se nos programa desde pequeño, con promesas de
una vida feliz e incluso de otra vida maravillosa después de la muerte? Porque
eso es mentira.
O quizás
hablaba de otro tipo de mentiras, más mundanas y menos profundas. Como por
ejemplo, estas:
Es mentira
que los políticos se ocupen de los demás por puro altruismo. La componente de
ambición y egocentrismo siempre está en un político. Han escogido esa
profesión, y es habitual ver a políticos de muy distinta ideología echar una
risas y tomando unas cañas. Es su trabajo, y son compañeros de fechorías.
Mientras se ríen, el común de los mortales discute sobre si su partido es mejor
que el de su interlocutor.
Es mentira
que la sociedad española sea mayoritariamente creyente. Una persona creyente no
pondría trabas a la acogida de un emigrante que está muriéndose de hambre o
huyendo de la muerte en su país de origen. Es una gran mentira, pues también la
mayoría de creyentes que conozco es xenófoba en ese aspecto (no todos, afortunadamente).
Es mentira
que la ropa que se recoge para África vaya destinada a quién lo necesita. Se ha
descubierto una mafia organizada que revende esa ropa en los mercadillos de los
pueblos. Tan sólo el 5% de esa ropa llega a los pobres que lo necesitan, y la
realidad es que determinados políticos se lucran de una manera deplorable y despreciable
con algo que da asco pensarlo.
Es mentira
que muchas ONGs (no todas, obviamente) tengan como objetivo ayudar a los demás.
Esas ONGs que se anuncian en la televisión sensibilizando con el dolor de los niños,
no son más que organizaciones cuyo objetivo primordial es mantener sus propios puestos
de trabajo. Sólo hay que leer un poco para saber que las “colaboraciones” que
piden a los demás y sueldos que ofrecen a esos colaboradores están basados en un sistema de remuneración
piramidal. Tantos clientes traes, tanto cobras. Son empresas.
Es mentira
que el hecho de ser creyente te convierta automáticamente en buena persona. La
mayoría de gente que roba, asesina, o maltrata a su mujer se considera
creyente (también es muy obvio decir que la inmensa mayoría de los creyentes no es así). La película “El Padrino” es un gran ejemplo de ello. No es necesario
ser creyente para ser una buena persona, así me considero yo sin serlo.
Es mentira
que muchos países (como el nuestro) sean especialmente sensibles con los
problemas del “tercer” mundo. España es el séptimo país del mundo que más armas
exporta, a cualquier otro país. Como por ejemplo Arabia Saudí, Venezuela, Irán,
Irak, Nigeria, Pakistán, Marruecos, Israel....Esas armas son utilizadas
posteriormente en las masacres que vemos horrorizados en la televisión. Son
nuestras armas, pero no nuestra conciencia (que mira hacia otro lado).
Es mentira
el capitalismo salvaje, que es capaz de hacer bajar los pantalones a cualquier
gobierno con tal de incrementar las arcas públicas que posteriormente generan
votos. El rey emérito, gran amigo de la familia real Saudí (ese país tan
demócrata) ha sido muy importante en la adjudicación a un consorcio español
(Renfe, OHL..etc) del contrato millonario del tren AVE entre La Meca y Medina.
Todo ello mientras cazaba elefantes y vaya usted a saber qué más cosas. También
es fácil recordar cómo se agasajó en medio del Paseo de la Castellana al
dictador y asesino libio Gadafi (Libia tiene petróleo: habemus negocio).
Podría estar
horas describiendo nuestro mundo de mentira, pero se haría pesado. Sólo se me
ocurre una solución para contrarrestar esta mentira: disfruta del camino, Shiddarta.
Porque la meta es el fin. Aprovechemos pues nuestra vida, y procuremos hacer el
bien sin distinción de etnias, clases sociales, patrias, religiones o sexos.
Quizá el abuelo
se refería a esto, nunca se sabrá.
"I just
believe in me, in Yoko and me...." (John Lennon)

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