Todo mi
respeto para las prostitutas.
Tomando
como referencia un riguroso y exhaustivo estudio del “Instituto de
la Mujer” del año 2004, en ese año se contabilizaban un total de
al menos 1533 clubs de alterne en España, donde ejercían la
prostitución alrededor de 95.670 mujeres. Este dato, contrastado, se
refiere únicamente a las mujeres que ejercen la prostitución en
esos clubs. En ese mismo estudio se estima que el número total de
prostitutas en España es de más de 100.000, teniendo en cuenta las
que ejercen en la calle.
Tomando
como referencia mi experiencia personal diré que cualquier hombre,
por más honrado padre de familia que parezca, y por más cabal y
juicioso que demuestre, puede ser un cliente habitual de este tipo de
negocios. Describo mi gozosa e inolvidable experiencia.
Justo
después de terminar con mi anterior relación (trece años, es
posible que este número dé mala suerte de verdad), recibo una
llamada de un conocido (que no amigo) al que había tratado durante
esos maravillosos años. Lo primero que pensé es: qué majo, como se
supone que estoy soltero, quiere tomar unas copas conmigo. Me dice
que coja dinero, y quedo con él un Jueves por la noche.
Hice
cuentas, y saqué del cajero unas 3000 pesetas, o su equivalente en
Euros. Para cuatro copas máximo, pues tenía que trabajar al día
siguiente, y tampoco era plan. La conversación al entrar en su coche
fue más o menos así:
- ¿Qué tal tronco?
- Bien, tío. ¿Cómo va?.
- ¿Has sacado pasta?.
- Sí, tres mil pelas.
- Joder, que poco.
- Subo. ¿Adónde coño vamos?
- A la carretera de Burgos...
- No me jodas que vamos al “Lovely”....
- Claro.
Este
“amigo” había tenido una niña una semana antes, y me confesó
con sinceridad torrentiana que al menos 200 mujeres habían sucumbido
a sus encantos monetarios. La vida te da sorpresas...sorpresas te da
la vida. Habíamos quedado con dos amigos suyos, y el plan era que
entráramos los cuatro en una habitación con nuestras respectivas
novias, a elegir.
A elegir
entre: mujeres de cierta edad alcohólicas, mujeres muy jovenes de
países del este (la verdad es que eran unos bombones), mujeres
desesperadas por no tener cliente. Mujeres negras, mujeres mulatas,
mujeres por doquier. Una gran variedad, sin duda, para satisfacer a
todos los hombres que estaban tomando mirinda en la gran barra de
este teatro de las variedades: hombres de negocios, hombres que
volverían a casa más tarde a dar un beso de buenas noches a los
niños, hombres que podrían pasar por profesores, farmaceúticos o
lo que a uno se le ocurra. También había tres gañanes y yo. Los
cuatro magníficos, vaya.
Decliné
amistosamente la invitación, soportando miradas del tipo “este es
raro o maricón”, y me quedé en la barra a la espera de que mis
compañeros gañanes acabaran su romance comunal. Me pedí una copa,
y empezaron a rodearme mujeres a diestro y siniestro. Una me pidió
que le invitara, y accedí. Según se lo dije, me empezó a achuchar
y a restregarse por mi cuerpo. No sabía que si invitas a una copa en
un club de estos, tienes derecho a magrear. Lo que me costó la
copita de marras...
Me salí
del antro y me quedé en la puerta. Fue gracioso, porque los clientes
que entraban me daban las buenas noches, se debían pensar que era el
portero. Estuve a punto de cobrarle la entrada a alguno. Salieron
esos tres al rato, comentando las jugadas más interesantes del
partido. Enriquecedor.
Llegué a
casa y me duché, pues no acababa de identificar los perfumes que me
rodeaban. No volví a ver a mi "amigo".
Se calcula
que el 70% de las prostitutas en España están en manos de redes de
proxenetismo. Son mujeres amenazadas, maltradas, violadas y engañadas
en sus países de origen. El otro 29% son mujeres que no tienen
dinero debido a la crisis, o estudiantes para costearse sus estudios.
O drogadictas. O mujeres deshechas. Hay otro 1% que debe hacerlo
porque quiere (cosa que me parece fenomenal), las “señoritas de alto standing”, que son más
finas y cobran más. Sus clientes son personas que también quieren a su mujer y a sus hijos, pero tienen más dinero.
Cuando leas
esto, hombre, piensa en ese 99% antes de irte “de putas”. Y si
sigue dándote igual porque ni siquiera te importa, mejor no me lo
cuentes.

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