Para
comprender la historia, hay que tener buena memoria. Memoria
histórica. Entre los años 1980-1988 se desató la guerra entre Irán
e Irak, dos países que históricamente han estado a la greña por
diferencias étnicas entre árabes y persas. Por entonces en Irán se
había producido la revolución islámica, comandada por el Ayatollah
Jomeini al derrocar a la milenaria dinastía del Sha de Persia,
encarnada en Reza Pahlevi. En Irak, estaba al frente el comandante
Saddam Hussein, a la sazón presidente de Irak. La guerra la inició
Irak, al invadir Irán.
Recuerdo
perfectamente un reportaje en televisión española dónde se
presentaba a Saddam Hussein como una buena persona, preocupada por su
pueblo, con una gran cantidad de valores personales notables. En
contraposición del Ayatolah Jomeini, tratado como una especie de
demonio religioso que incluso había liderado una revolución contra
un gran demócrata como el Sha de Persia, habitual en las revistas
del corazón.
En
la guerra de Irán-Irak, el ejército iraquí utilizó armas químicas
contra la población iraní. Armas suministradas entre otros por el
Reino Unido. Saddam Hussein era bueno para todo el mundo. Jomeini, el
malo de la película. Gas mostaza contra Revolución religiosa, se
tomó partido por el gas mostaza. Todos estos datos están
contrastados.
Saddam
Hussein dejó de ser bueno. Invadió Kuwait, un país que importa
mucho al mundo “civilizado”, no tanto por su pobre gente sino por
su producción de petróleo. Sin ese petróleo, Saddam habría
seguido siendo bueno durante mucho tiempo. Estados Unidos invadió
Irak, teniendo como aliados al Reino Unido (proveedor de armas
químicas del régimen iraquí) y a España (proveedor del
deslumbrante talento de José María Aznar). Saddam Hussein fue
ejecutado, y 9 de cada 10 españoles rechazaron esa guerra (como los
dentistas: siempre hay uno de cada diez que recomienda chicle con
azúcar). Y ya vaticiné: esto lo pagaremos algún día.
Lo
pagamos. El 11 de Marzo de 2004, España sufrió el mayor atentado de
terrorismo islámico en Europa hasta la fecha.191 muertos, no como
consecuencia directa de la intervención española en Irak, pero sí
indirecta: estábamos señalados en las mentes de los terroristas
islámicos. El gobierno de entonces perdió las elecciones al
insistir en engañar al pueblo español: ha sido ETA. Una teoría
conspiranoica muy bien soportada por el periódico “El Mundo”, en
la mayor manipulación periodística de la historia democrática
española.
Es
bien conocido el “síndrome del golfo”, síndrome que afectó a
los soldados americanos implicados en suelo iraquí. Se estima en
175000 soldados afectados por este síndrome, como consecuencia del
incendio de pozos de petróleo, manipulación de armas químicas y
exposición a los gases emitidos por la explosión de proyectiles de
uranio empobrecido (hace menos pupa que el enriquecido). Síntomas
del “síndrome del golfo”: mareos, vértigo, pérdida de memoria,
problemas con la piel, cáncer...Por supuesto, no hay datos de los
daños causados en población civil (para variar). Nada, algún que
otro muerto civil.
Ayer
mismo un soldado estaounidense, destinado un año en Irak, disparó
contra la multitud en el Aeropuerto de Florida. Mató a 5 personas,
hiriendo a otras 8. Tenía problemas mentales. Ya tiene el Sr. Trump
otra buena excusa para construir su muro de las lamentaciones en la
frontera con México. El soldado era puertorriqueño, con apellidos
hispanos. Con tanto muro, el Sr. Trump acabará como el general, en su laberinto.
“Las
cosas son como son, porque fueron como fueron”

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