viernes, 13 de julio de 2018

DE PLUMAS






Cogió su pañuelo de seda y limpió los restos de sangre y carne de la estilográfica.” ¡Mierda, se ha doblado el plumín!” ”¡ Joder!”. Abrió el maletín de herramientas, perfectamente ordenadas y relucientes y cada una en su sitio, como siempre habían estado. Movió ligeramente el bisturí, pues no estaba en el mismo plano que el resto de utillaje. Casi sin mirar sacó los alicates de precisión y poco a poco empezó a enderezarlo. No podía quedar bien, tenía que quedar perfecto, o el enfado podría ser aún mayor.

“Perfect, yes”. Como debe de ser.

Salió de la habitación rumbo a casa, mejor en autobús. Subió una persona mayor a la que cedió gentilmente su asiento, pues nadie lo hacía. Miraba a los demás pasajeros mientras daba vueltas a la pluma, girándola obsesivamente sobre su mano, con semblante tranquilo. Nos veremos en algún momento de esta vida, pareció pensar.

Ya en casa, por fin, necesitaba ducha. Se desnudó lentamente, mientras dejaba la ropa doblada sobre la cama, siempre en el mismo orden: pantalones, camisa con los botones hacía abajo y calzoncillos en medio de los calcetines bien alineados y con los talones hacia dentro. Ahora sí, ducha. Música de Wagner de fondo.

Abrió el grifo monomando con control de temperatura, siempre a 33ºC. Le vino a la mente la escena de psicosis, qué gran maestro Hitchcock. Peinándose en el espejo sonrió de medio lado y fijándose en su propia mirada, supo que le quedaban muy buenos momentos que disfrutar en la vida.

Tenía prisa. La clase empezaba en media hora, y se había entretenido algo más de lo previsto con el muy maleducado y desagradable guaperas chulito. Andando a la facultad a paso ligero, sin pisar las líneas de separación de las losetas del suelo, en la escalera de acceso siempre el pie derecho primero. La clase estaba llena menos un asiento vacío, el que estaba a su lado. Las compañeras de su alrededor suspiraban por la ausencia del compañero, y de nuevo esbozó una media sonrisa.

Sacó la estilográfica para tomar algún apunte. Hoy se hablaría sobre el comportamiento sicótico, uno de sus temas favoritos. Quedaba una manchita de sangre en el plumín, la limpió rápidamente con su perfectamente doblado pañuelo de seda. Casi a la vez se sentó a su lado otro compañero en la silla vacía. También era guapo, a sus compañeras se les volvieron a iluminar los ojos. Le observó detenidamente, y a continuación volvió a limpiar el plumín, en un acto puramente reflejo.

Sacó la mejor nota de la clase.  



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