Desperté y me golpeé bruscamente la cabeza contra una tapa. Comprendí que había sobrevivido
milagrosamente al accidente. Conseguí salir.
Vivía en una nube y de
repente se puso a llover. Nunca más volví a ver su paraguas. Ni a ella.
Mi jefe siempre me exigió
máxima profesionalidad. No sufrió nada. Ya no tengo jefe.
Era mi mejor amigo hasta que
vi lo bien que le sentaba mi pijama.
Fui a una inspección médica
rutinaria. Cuando salí, mis hijos no eran mis hijos.
La quise con locura hasta que
me diagnosticaron esquizofrenia.
Sé que he amado con locura y
pasión. Pero ya no recuerdo con quién. Ni cuando.
Entonces fue lo más bonito
que me había pasado, creo. Me dejó en esta casa extraña y viene a verme cada
dos meses. En domingo, creo.
Mi semiinconsciencia me hizo
ver un túnel, con una fuerte y deslumbrante luz blanca al final. Me sentía flotando,
hasta que una voz grave me susurró: documentación, por favor.
Recuerdo como si fuera ayer
que solo me importaba el mañana. Hoy no me importa nada.

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