El abuelo estaba siempre ensimismado, todos creíamos que era
un sabio absorto en sus pensamientos. Cuando por fin habló, nos dimos cuenta
que era medio gilipollas.
Se me ocurrió cantarle: “si tú me dices ven, lo dejo
todo...” Y me llevó al juzgado, ella y su amante se quedaron la casa.
Soñé que era feliz. Me desperté en el atasco de la M40.
El imbécil de mi vecino murió envenenado. El arsénico era
para su perro, no para él.
Me atracaron. ¿La bolsa o la vida?, me preguntó. Le di a
elegir: las dos estaban vacías.
Para mi cumpleaños me regalaron una camisa blanca. Me ataron los brazos por detrás y me pusieron
una inyección. No era de mi talla.
Le pregunté por educación: ¿Estudias o trabajas? Y me
contestó: 50 euros el completo. Qué grosera.
“Aquí el pintor quiso expresar emotivamente el sentido de la
vida, su desesperación, sus miedos...esos trazos lo dicen todo”. Tuve que
decirle: “Disculpe, es gotelé. Deje las drogas”.
Mi nueva casa es un remanso de paz y tranquilidad. Y me
traen flores el día de todos los santos.
Nunca entendí por qué mi hermano era mulato. Coincidió su nacimiento con el nuevo vecino de Nigeria y con el divorcio de mis padres.

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