viernes, 17 de febrero de 2017

PIES





Pies que se conocieron una noche de miradas de reojo, de curiosidad e interrogantes.

Pies que buscaban otro calzado, después de haber destrozado y malgastado los zapatos anteriores.

Pies doloridos que deseaban abrigarse, pero no con calcetines de oportunidades o rebajas, ni con calcetines desechables.

Pies.

Pies que se gustaron y se desnudaron, y no se conformaron con dejar pasar la oportunidad de estrenar  nuevos zapatos más cómodos, siempre necesarios y buscados.

Pies que pisaron cristales rotos, pero supieron curarse el uno al otro las heridas ahora bien cerradas y cicatrizadas.

Pies que se quieren y se desean, y se entrelazan pero no se pisan entre ellos. Se buscan y se acarician, se respetan y se comprenden.

Pies.  

Pies que envejecerán juntos, que no permitirán otro tipo de calcetines ni otro abrigo, ni malgastarán otra vez los mejores zapatos: los bonitos y usados, perfectamente adaptados a su forma. Duraderos.

Pies que se reconfortan y se dan calor en verano y en invierno, se echan de menos y se lloran, y malviven si no se sienten cerca.

Pies por la mañana, al despertar en la cama. Pies por la noche, cuando necesitan descansar y hablar de la vida y de los sueños.


Nuestros Pies.


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