lunes, 2 de octubre de 2017

MICROS (Y 4)





Nunca tuve aprecio a la vida. Pero te fuiste primero, y ahora quiero vivir para seguir llorándote.

Quisiera que mis principios no me impidieran llegar hasta el final en tantas ocasiones. Quizá me esté perdiendo cosas que no tendré ocasión de valorar.

La vida puede y debe ser fascinante. Pero cuando ves un uniforme de Mercadona, acabas relativizándolo todo.

Entonces me pareció maravillosa. Con el paso de los años, acabé maravillándome de la paciencia que tuve soportándola tanto tiempo.

Dicen que compartimos el 98% de genes con los chimpancés. Quizá esa es la razón por la que aprecio tanto a mis cuñados.

Se quedó mirándome un buen rato, la mirada como perdida en algún sitio. Creo que estaba drogada. O quizá decepcionada con su existencia.

Vivía en una nube, flotando. Pero nada se puede hacer contra la ley de la gravedad: la caída fue terrible. Ya no quise probar a volar más, las heridas del amor son las más dolorosas.

A veces, la vida se empeña en hacer difícil lo que es muy muy simple: vivir.

Si te pasas la vida esperando a que pase algo, lo único que verás pasar es la propia vida.

Siempre admiré a los que destacaban, incluso por su estupidez: no es tan fácil ser tan tonto.

Ante una disparidad de criterios, es mejor no utilizar la violencia: cuánto menos sufra, mejor. Cianuro, por ejemplo. Y fin de la discusión.


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