Nunca tuve
aprecio a la vida. Pero te fuiste primero, y ahora quiero vivir para seguir
llorándote.
Quisiera que
mis principios no me impidieran llegar hasta el final en tantas ocasiones. Quizá
me esté perdiendo cosas que no tendré ocasión de valorar.
La vida
puede y debe ser fascinante. Pero cuando ves un uniforme de Mercadona, acabas
relativizándolo todo.
Entonces me
pareció maravillosa. Con el paso de los años, acabé maravillándome de la
paciencia que tuve soportándola tanto tiempo.
Dicen que
compartimos el 98% de genes con los chimpancés. Quizá esa es la razón por la
que aprecio tanto a mis cuñados.
Se quedó
mirándome un buen rato, la mirada como perdida en algún sitio. Creo que estaba
drogada. O quizá decepcionada con su existencia.
Vivía en una
nube, flotando. Pero nada se puede hacer contra la ley de la gravedad: la caída
fue terrible. Ya no quise probar a volar más, las heridas del amor son las más
dolorosas.
A veces, la
vida se empeña en hacer difícil lo que es muy muy simple: vivir.
Si te pasas
la vida esperando a que pase algo, lo único que verás pasar es la propia vida.
Siempre
admiré a los que destacaban, incluso por su estupidez: no es tan fácil ser tan
tonto.
Ante una disparidad
de criterios, es mejor no utilizar la violencia: cuánto menos sufra, mejor.
Cianuro, por ejemplo. Y fin de la discusión.

No hay comentarios:
Publicar un comentario