Esta semana ha muerto Pablo Ráez, el conocido joven malagueño abanderado de la lucha contra la leucemia. Gracias a su incansable lucha por vivir, ha conseguido que se multipliquen en España las donaciones de médula. Gracias a esa ilusión por la vida, otros muchos podrán mantenerla aunque él haya perdido la batalla.
Grandísimo ejemplo el de Pablo, de su demostración de esfuerzo ante lo inevitable, de su ausencia de egoísmo hacia los demás, de no aceptar la derrota sin más, de no irse de este mundo sin patalear. De iniciar una campaña viral tan sorprendente como efectiva, tan triste como admirable.
Mi corazón está y estará con Pablo.
Esta misma semana, también he visto un acto de valentía. Daniel, de Cáceres, ha matado a su padre. Su padre llevaba 40 años maltratando a su madre. Pegándola. Vejándola. Haciendo sufrir en silencio a toda la familia, los tres hermanos. Una escopeta fue suficiente, Daniel ha declarado: "ahora mi madre podrá descansar". Su madre y sus hermanos le han felicitado, reconociendo su coraje.
Daniel está ahora en la cárcel, y hay un movimiento ciudadano para que lo indulten.
Mis tripas están y estarán con Daniel.
En la vida, siempre es mejor tener la actitud de Mahatma Gandhi para resolver un problema. Pero a veces, no queda más remedio que acordarse del Ché Guevara.

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